A propósito de la polémica en torno a la inclusión de El Jardín de las Delicias de El Bosco en el libro “Detectives en el Museo”

Por Macarena Ruiz Balart, Doctora en Humanidades, Universidad Carlos III de Madrid; Magister en Historia del Arte, Universidad de Chile; Directora Museo Artequin Viña del Mar.

 

El cuerpo humano objeto/sujeto de tantas controversias, satanizado por algunos, endiosado por otros; abierto para conocer hasta el más mínimo detalle de su configuración, intervenido en búsqueda de la perfección artificial, capaz de tornarse mortecino de un minuto a otro, cuando el alma, si es que existe, lo abandona.

Este año el libro Detectives en el Museo, editado por Museo Artequin Viña del Mar, fue elegido como texto complementario por el MINEDUC para Educación Básica. Ello significa que fue entregado en forma gratuita a estudiantes que cursan tercero básico en colegios públicos y subvencionados de Chile.

Es un libro de ilustración que, a través de un recorrido de dos niñas y un niño por el Museo Artequin Viña del Mar ―cual inquietos detectives artísticos― viajan por la historia del arte, entablando diálogos con los personajes de las obras con la finalidad de entender su sentido e importancia.

Hay personas que se han mostrado incómodas con la presencia de desnudos en el libro (El Jardín de las Delicias de El Bosco, 1503―1515), cuestionando la necesidad de que niños y niñas vean estas imágenes. En muy pocas palabras, quiero reflexionar sobre esto.

Si hacemos un recorrido rápido por la historia del arte, al menos desde la Época Clásica queda en evidencia la veneración al cuerpo humano, observándose en esculturas y frisos. Si bien existió un acallamiento durante el oscurantismo de la Edad Media, en el Renacimiento la tradición clásica encontró una nueva vitalidad. El cuerpo se enaltece, dibuja y estudia. Diferentes artistas acudían a cementerios para poder entender la configuración del cuerpo humano y representar su musculatura, intentando conocer el principio de la tensión y la contracción del cuerpo. En adelante, ha sido interpretado en una infinidad de formas y formatos. Para no ir más lejos, recordemos la polémica causada hace algunos años por la Casa de Vidrio que se instaló en el centro de Santiago, donde una joven realizaba su rutina diaria, incluyendo el desvestirse y vestirse. La obra, financiada por el Fondart, perseguía motivar una reflexión sobre los límites de la privacidad chilena.

Los desnudos forman parte de las colecciones de los grandes museos de arte en todo el mundo y la discusión contemporánea es reparar en que la mayoría de las veces son mujeres las retratadas. Por ello, una de las tendencias actuales de las artistas, historiadoras y museólogas es cambiar dicha relación entre mujeres que exponen y mujeres desnudas que se exponen. Solo en el MOMA, a fines de los ochenta, el 85% de los desnudos eran de mujeres, y el 5% de las obras expuestas eran de artistas mujeres. Esto ha sido visibilizado por el movimiento llamado Guerrilla Girls.

El Jardín de las Delicias

La pintura de El Bosco es la más original del Renacimiento del Norte de Europa. Sus temas principales son las leyendas, costumbres, supersticiones y temores populares, en un estilo que recoge los fantasmas de los años finales de la Edad Media, cuando la salvación tras la muerte era una gran obsesión. El Bosco es un pintor religioso, enigmático e influyente. En El Jardín de las Delicias el pintor buscaba moralizar a la humanidad mostrando los tres escenarios posibles de vida: el cielo, la tierra y el infierno.

El Jardín de las Delicias es una de las obras más fascinantes de la historia del arte y sin duda, una de las pinturas más atiborradas de escenas fantasiosas dentro de las complejas obras de El Bosco. La pintura corresponde a un tríptico que representa a la izquierda el Jardín del Edén o Paraíso. En él aparecen Adán y Eva antes de comer del árbol del conocimiento, rodeados de todo tipo de animales. En el panel central, El Bosco representa una variedad de actividades de la vida humana en la tierra. Las imágenes, tanto de figuras humanas como de animales, son creaciones fantásticas. Por último, en el panel de la derecha, el artista representa una imagen del infierno, destino final de hombres y mujeres como resultado de la vida inmoral que han llevado. En esta parte del tríptico se describen castigos para los diferentes pecados cometidos, junto con variedades de monstruos y animales. El ambiente es oscuro y en el centro del panel aparece una figura perturbadora, mitad cáscara de huevo, mitad árbol, y un rostro, el que se identifica como un autorretrato del artista. El Bosco tuvo pocos imitadores hasta el siglo XX, cuando sus extrañas obras despertaron el interés y admiración de los pintores Surrealistas.

Para la historia del arte, El Jardín de las Delicias, se consagra como uno de los cuadros más importantes y enigmáticos. Si tuviéramos que explicarlo en lenguaje de niños y niñas, los personajes que aparecen son extraños, creaturas mitad ave, mitad humano, aves devoradoras de personas, aves fantásticas, etc. La gran presencia de animales, personas y acciones es muy llamativa. Así mismo, la presencia de seres fantásticos. En el museo, tenemos una reproducción de la obra y sin duda, el desnudo no llama especialmente la atención de niñas y niños, pues su representación es muy sintética, poco realista. Como indica Pilar Silva, jefa del Departamento de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte del Prado en una nota publicada en el sitio abc.es el año 2016, El Bosco “ha representado a las figuras desnudas tan tenues, tan transparentes, que apenas tienen carne. Es como si representasen el alma humana. No llaman a los sentidos, a la sensualidad”.

La obra ha sido referenciada en múltiples programas educativos en el museo. Conocemos la experiencia de dialogar en torno a ella junto a niñas y niños. Por ejemplo, el Museo del Prado posee en su canal oficial de Youtube un video didáctico sobre la obra, guiado por un personaje del museo.

El Jardín de las Delicias, ha sido también una obra muy cotizada históricamente, sea por la realeza y nobleza o por el clérigo. En su historia estuvo expuesta en castillos y monasterios, hasta que en 1939 es adquirida por el Museo del Prado. Esta obra es expuesta de manera pública en las dependencias del museo y visitada por 3 millones de personas al año. De sus visitantes, un gran porcentaje son niños y niñas, sin que ello haya causado ningún revuelo, ni menos que haya sido calificada por alguien como una obra inmoral o impropia. Durante el 2016, se realizó la exposición “El Bosco. La exposición del V centenario”, en el Museo del Prado, exhibición temporal que generó una gran fascinación en grandes y pequeños.

Nuestra invitación

Una de las características del arte es representar la realidad, pero también, generar controversia. ¿Por qué? Para forjar el diálogo, detener el mundo y analizar cómo vamos “progresando” como sociedad. Por ejemplo, la pintura de un fusilamiento nos permite hablar con niños y niñas sobre la necesidad del respeto entre las personas y que, por ejemplo, los excesos ideológicos producen ofuscación y enceguecimiento (el libro comentado incluye la obra El 3 de Mayo en Madrid, de Francisco de Goya, 1814). Solo por destacar, el siglo pasado tuvo grandes y horribles enfrentamientos, no caeré en su mención, haga memoria.

La historia del arte nos permite conocer la historia, la humanidad y por supuesto, conocernos como personas. Eso lo sabemos en el museo y por eso nuestros programas educativos son desarrollados con enfoque de derechos, pues es fundamental el respeto y la valoración a la diversidad. De manera institucional, la inclusión es un valor para el museo, percibimos a la sociedad de forma integral, respetando las diferencias de cada persona que la conforma.

La invitación de Detectives en el Museo es dar a conocer, reflexionar y conversar sobre la historia del arte. Vamos por el diálogo, la visita a museos y a no tener miedo a polemizar temas interesantes, que en el fondo nos permitirán comprender mejor y con mayor profundidad nuestro devenir.

 

 

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